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sábado, 16 de enero de 2016

Leyenda quizás un poco volslunga

Había una princesa tan espantosa que ningún príncipe quería casarse con ella, por muchas tierras y espléndidas riquezas que ésta poseyese. La princesa, que se llamaba Brunjld, se dormía llorando todas las noches por no poder hacer feliz a su viejo padre dándole descendencia, tal como ya habían hecho dos de sus hermanas.

Un día llegó el príncipe Hrjstrgr que era, según se decía, el hombre más bondadoso y justo de su época, no había en toda la tierra conocida un hombre con una moral más íntegra. Exigió conocer a la criatura cuyo aspecto horrorizaba incluso al hombre más templado, pues afirmaba tener la solución a la desdicha de la dama. Cuando su petición fue aceptada y tuvo delante a la sorprendida pero esperanzada Brunjld, hizo una reverencia y le cortó la cabeza.

Clavó la cabeza de la fallecida princesa Brunjld en una lanza y ordenó que fuese exhibida en todos los reinos, para que ellos también aprendiesen a evitar en el futuro el sufrimiento de todas las doncellas feas.

Después, Hrjstrgr no descansó hasta encontrar a la princesa más hermosa, y un día dio con Grtsr, cuya belleza era legendaria. Aunque Grtsr no contaba con demasiadas riquezas, pues era de un reino venido a menos, al príncipe no le importó porque se había quedado con las posesiones de la princesa muerta. Las entregó a Grtsr como dote y se casó con ella.

Hrjstrgr y Grtsr tuvieron siete hijos, dos de los cuales fueron decapitados debido a su evidente fealdad. Se convirtieron en reyes y fueron muy felices.

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